Ya estoy en Madrid.
He dejado atrás una etapa de mi vida (no entraré a valorar detalles, pero por lo general ha sido perfecta) y comienzo una, que se prevé -sin tener en cuenta divertimentos y dejadeces ociosas- dura en muchos aspectos y gratificante en otros tantos.
Al menos pase lo que pase y surja el problema que surja, tengo la suerte de poder contar con alguien que me apoya en todo momento y me anima a seguir siempre adelante, paso tras paso. Echar de menos se ha convertido en algo habitual para mí y al menos me queda el consuelo de saber que los recibimientos en estaciones de tren ahora serán mil veces más esperados.
Se acerca el melancólico otoño y me pilla con las defensas empáticas por los suelos, como siempre. Voy a necesitar fuerzas, voy a necesitar que me ayudes como cada día.




